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Transformación Poderosa
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Emails, Mensaje Pastoral - 2 Septiembre 2010
Isaac oró al Señor en favor de su esposa, porque era estéril. El Señor oyó su oración, y ella quedó embarazada… “Dos naciones hay en tu seno; dos pueblos se dividen desde tus entrañas. Uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor”. Génesis 25:21-23
Isaac el segundo hijo de Abraham, fue escogido por Dios para recibir el pacto. Escogido para darle continuidad a la simiente prometida y para heredar la Tierra Prometida. Abraham había muerto, ahora dependía de Isaac y su familia dar testimonio de Dios y mantenerse firmes en sus promesas. A esta familia se le dio la poderosa misión en un mundo perdido y agonizante, muy parecido al de nuestra generación.
Solo hay un Dios vivo y verdadero. Su deseo más ferviente es darse a conocer a todas las personas, que le crean y confíen solo en EL. Esa misión se nos ha encomendado a cada uno de nosotros.
La bendición de Dios se derramo sobre la familia de Isaac y Rebeca, daría a luz gemelos, Esaú y Jacob; y cada uno de ellos daría origen a una nación. !Que bendición! . Pero Dios escoge al hijo menor, Jacob y a su nación, para que fuera el más fuerte y heredara a su vez las promesas hechas a su abuelo Abraham. ¡Es que Dios hace como quiere, tiene soberanía y poder para hacerlo!
Pero la vida de Jacob fue una total contradicción a lo que esperamos de un hombre con tan gran encomienda. En su carácter tenía buenas y malas cualidades, un andar de acciones justas y otras
pecaminosas, una mente que podía centrarse en lo espiritual y otras en lo carnal, con períodos de altas y bajas. En fin un ser humano común y corriente, el prototipo del hombre que batalla, que sabe que debe hacer lo bueno; pero le faltan las fuerzas, no el deseo. Con virtudes y debilidades pero con una gran fe en Dios que lo llevo a una TRANSFORMACION PODEROSA.
Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8:29
Has Sido Llamado
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Emails, Mensaje Pastoral - 27 Agosto 2010
Para esto Dios los llamó por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, sigan firmes y manténganse fieles a las enseñanzas. 2 Tesalonicenses 2: 14
¡Qué tremendo versículo! Pablo enseña que a todos se nos ha prometido alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Y en ese todo tú también estas incluido, joven. Pero hay un detalle, debemos andar cómo El anduvo. Y dicho así, parece fácil; pero es retante por el ambiente tan fascinante que nos presenta el mundo en que vivimos. Aun así, no es imposible.
Joven, has sido llamado a hacer cosas mayores y a vivir de manera sobrenatural. En tu boca existe poder para dejar sin trabajo al enemigo, para decretar sanidad, para hacer correr a las tinieblas…..pero se desata con santidad. ¡Si tan solo pudieras ver todo el poder que hay en ti, buscarías día a día mayor santidad!
Dios te quiere llevar al siguiente nivel, yo no lo dudo; pero tienes que morir a ti mismo. Hoy tu vida es diferente porque la entregaste a Cristo. Ya no se trata de ti, sino del plan de Dios para tu vida. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Mateo 16:24. Ha llegado la hora de seguir a tu Señor de todo corazón, y morir a ti mismo. Corta de una vez y por todas con todo aquello que te provoca caer en pecado. Ya no estás en cautiverio, sino en vida rica y abundante. Disfrútala, vívela, muéstrala.
Purifica tu altar mi amado, en el ha sido derramada la sangre del cordero. Limpia tu corazón……para que finalmente nuestro Dios pueda desatar de Su poder, y manifiestes la gloría a la cual has sido llamado.
Mayordomía
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Emails, Mensaje Pastoral - 3 Agosto 2010
Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. 1 Corintios 4:1-2
La mayordomía se puede aplicar en todas las áreas de la vida porque sus principios básicos son: Dios es Dueño y Señor de todo, nosotros somos mayordomos de Dios, responsables de administrar las cosas que a Él le pertenecen, Dios nos pedirá cuentas por lo que hicimos con todo lo que Él depositó en nuestras manos.
De estos principios básicos podemos hablar de cualquier tema relacionado a la vida de los creyentes. La mayordomía bíblica reconoce que la vida y todo lo que conlleva viene de Dios, pero además, busca cómo motivar al ser humano a practicar lo que Dios mismo practicó al enviar a su Único Hijo a morir por el ser humano.
Para el cristiano, mayordomía significa: Responsabilidad de guardar, velar y administrar todo lo que Dios le ha confiado. El uso de esta mayordomía tiene que ver con la vida, el físico, el tiempo, los talentos, dones, dinero, posiciones materiales y la creación, etc. La mayordomía abarca el uso sabio y abnegado de la vida en relación a nuestro Dios en todo lo que poseemos. Entonces mayordomía es inversión de tiempo que requiere sacrificio, es un estilo de vida que reconoce y acepta el Señorío de Cristo en su vida y trabaja en sociedad con Dios.
Mayordomía es la buena inversión de los bienes, que han sido entregados a una persona para su cuidado y manejo. Somos mayordomos de Dios, quien nos ha confiado tiempo y oportunidades, capacidades y posesiones, las bendiciones de la tierra y sus recursos. Somos responsables ante él de su uso correcto. Reconocemos que Dios es el dueño, al rendir fiel servicio tanto a él como a nuestros semejantes, y al devolver los diezmos y dar ofrendas para la proclamación de su Evangelio y el apoyo y crecimiento de su iglesia. La mayordomía es un privilegio que Dios nos concede para ayudarnos a crecer en amor y a obtener la victoria sobre el egoísmo y la codicia.
“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” Mateo 3:8
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 27 Julio 2010
En más de alguna ocasión nos ha pasado que hemos hecho algo que sabemos o consideramos que no agrada a Dios y hemos “pedido perdón”, pero realmente no nos hemos sentido arrepentidos. Considero que todos en algún momento de nuestra vida nos hemos acomodado a algún pecado que de tanto pedir perdón se convierte en una costumbre y ya no en una acción verdadera. La pregunta sería: ¿Dios, que lo ve todo, aceptará mi arrepentimiento de mentiras?
Pedir perdón va más allá de unas simples palabras, pues el verdadero arrepentimiento lleva consigo verdaderas acciones, es decir: Si tú pides perdón de verdad y de corazón, entonces esa acción irá acompañada de frutos que denotan tu arrepentimiento genuino. Yo puedo pedir perdón, sin arrepentirme y seguir en lo mismo, pero ¿será ese el verdadero arrepentimiento que me llevó a pedir perdón?, definitivamente NO. Lo que me llevó a pedir perdón fue un leve cargo de conciencia, pero no un arrepentimiento genuino, porque no me aparte del mal camino.
En cambio cuando el Espíritu Santo me redarguye de pecado y me hace ver el error en que he caído y que necesito restaurar mi vida con el Señor, es allí en donde nace el verdadero arrepentimiento. El que me lleva a tomar la decisión determinante de apartarme de aquello que me está siendo un obstáculo para agradar a Dios. Es allí donde el pedir perdón también viene acompañado de acciones, esas acciones que están testificando que mis palabras no fueron en vano, sino que realmente existía un arrepentimiento genuino.
Es difícil tomar la determinación de dejar aquello que para nuestra satisfacción carnal o humana es agradable, pero que para Dios no lo es, por tal razón pesemos en una balanza y hagámonos la siguiente pregunta: ¿Vivo para agradarme a mí ó vivo para agradar a Dios? Cada uno de nosotros tenemos la llave que abre múltiples bendiciones para nuestra vida, se llama: Arrepentimiento Genuino y viene acompañado con acciones determinantes y voluntarias que nos llevan a ser más agradables a Dios.
El mayor deseo de mi corazón es que Dios pueda hacernos comprender la importancia del verdadero arrepentimiento para que los planes de Él se cumplan libremente en nuestras vidas. Hoy es buen día para poner en práctica ese verdadero arrepentimiento, ¿cómo?, pues comenzando por desechar de una vez por todas todo aquello que evita que tu comunión con el Señor sea más pura.
Dios está con los brazos abiertos esperando tu arrepentimiento y está dispuesto a hacer de ti un instrumento poderoso en sus manos.
Porque a mis ojos fuiste de gran estima
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 22 Julio 2010
Hay experiencias negativas que marcan nuestras vidas, situaciones inesperadas que nos enseñan
lo necesitados que estamos de Dios, episodios de esos que quisiéramos obviar y que nunca se
hubiesen presentado. Es que la vida cristiana es así, llena de experiencias positivas y negativas
que marcan nuestra vida siempre para bien. Muchas veces creemos que esas experiencias
vividas son demasiado duras como para poder ser usados por Dios. Desde nuestro punto de vista
crítico lo vemos todo negro, en cambio si lo vemos desde el punto de vista de Dios, nos damos
cuenta que el panorama cambia.
En la historia bíblica vemos personajes que no fueron tan perfectos como quisiéramos nosotros
ser, sino que fueron personas comunes y corrientes que cometieron errores. La clave está en
que fueron humildes, se sometieron a la disciplina, fueron restaurados y hoy forman parte de la
historia sirviéndonos de inspiración a muchos de nosotros. Tenemos un Moisés que de asesino
pasó a ser el libertador del pueblo de Israel, que defendiendo a su pueblo mató a un soldado
egipcio por lo que tuvo que huir. Un David que de asesino y adultero, pasó a ser un hombre
conforme al corazón de Dios y utilizado por Dios. Un Pedro que había confesado nunca alejarse
del lado del Señor, mas sin embargo en el momento más crítico para Jesús, huyo y lo negó
vilmente. Luego volvió a sus quehaceres cotidianos, a la pesca, pero cuando Jesús resucitó fue a
buscarlo, para restaurarlo y darle la comisión de ser un pastor para sus ovejas. No es lo que yo
crea de mí, sino lo que Dios cree de nosotros.
Posiblemente por razones de la vida o por malas decisiones sientes que todo se ha complicado
y no te crees merecedor de nada de lo que Dios te pueda dar o pueda hacer por ti. Es cierto,
ninguno somos merecedores, pero la Gracia de Dios es inmensa y su misericordia es renovada
cada día. Estoy seguro que Dios piensa que eres un instrumento útil en sus manos, cuando
decidas pedir perdón y El te perdone de toda falta cometida.
Es necesario que haya tormenta, que haya desierto, que los tropiezos aparezcan para darnos
cuenta lo necesitados que estamos de Dios y lo mucho que nos hace falta mejorar algunas áreas
de nuestra vida. Hoy, mis amados, Dios quiere encontrarse con nosotros y decirnos que el Taller
del Alfarero está abierto y el Alfarero disponible con sus instrumentos divinos para restaurar o
hacernos nuevos, si fuera necesario.
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 16 Julio 2010
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. Aparta de ti
la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios. Tus ojos miren lo recto,
y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Examina la senda de tus pies, y
todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie
del mal”. Proverbios 4:23-27
¡Increíble! ¡Un órgano tan pequeño como el corazón y tan indispensable e importante para
el buen funcionamiento del cuerpo! Si el corazón se detiene, sencillamente nos morimos.
Podemos vivir sin brazos, piernas, ojos y hasta sin alguno de nuestros órganos internos;
pero sin corazón, jamás. Salomón escribió una frase corta que nos lleva a reflexionar
profundamente. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”, porque cuando uno se
dispone a guardar algo, es porque lo protege, lo cuida, lo valora y lo estima.
Es importante que cuidemos nuestro corazón físico, porque es importante para la vida.
También es igualmente importante, o aún más, proteger nuestro corazón (el lugar donde
se asientan y producen nuestros pensamientos y sentimientos). Al lugar de donde pueden
nacer las guerras, los pecados, las malas acciones y los deseos. De allí brota o aflora vida o
muerte. Vida o muerte que trasmitimos a otros.
Hoy es un buen día para meditar en la importancia de no permitir que el odio, el rencor y
las raíces de amargura florezcan y se alojen en tu corazón. La Palabra dice que debemos
vencer el mal con el bien. ¡Qué difícil a veces! Nunca debes permitir que tu corazón sea
prisionero de sentimientos y actitudes negativas y dañinas. Porque finalmente a la persona
que más afectará lo que sientas es precisamente a ti mismo.
Apartamos de nuestra boca la perversidad y la iniquidad de nuestros labios. Lo perverso
es lo infame, lo malo, lo vil, lo que trae maldad. La iniquidad tiene que ver con la
depravación, corrupción, la inmoralidad, la malignidad, esto nos aleja de la comunión con
el Padre y con el resto de las personas. Provoca que poco a poco el corazón se rompa y lo
que respiras y exhalas es muerte espiritual.
Miraremos lo recto, andemos por el camino derecho. Hoy más que nunca debemos
examinar la senda por donde dirigen nuestros pies para que podamos corregir nuestros
pasos. Tenemos que ser seres íntegros, de una solo pieza. No se trata de quien es más
santo, ni de orgullo espiritual, ni de creer que somos mejores que nadie. Se trata de que
sin santidad nadie verá al Señor. Esto se trata de que queremos un día encontrarnos con
nuestro Dios y verlo cara a cara.
Mis amados, el salmista decía, “escudriñemos nuestros caminos y volvámonos a Jehová”.
Hoy, hay que hacer un eco cardiograma espiritual para ver cómo está latiendo nuestro
corazón y si hay alguna falla, alguna perversidad, resentimiento u odio, acudir al Taller del
Alfarero para que lo repare o nos haga nuevo.
Porque Jehová atiende al humilde más al altivo mira de lejos.
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 8 Julio 2010
“Y respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Esther: ¿Quién es, y dónde está,
aquél a quien ha henchido su corazón para obrar así? Y Esther dijo: El enemigo y
adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la
reina. Ester 7:5-6
Amán no tenía ninguna razón para que odiar a Mardoqueo y al pueblo judío. Su orgullo
y su soberbia eran tan grandes que sentía la necesidad de ser alabado, reconocido y
reverenciado. No podía aceptar que Mardoqueo y los judíos no se postraran ante él.
Sentía tantos celos y envidia hacia ellos, que no podía disimularlo. Su mente malvada
tramaba un plan terrible para desaparecer y destruir aquel pueblo.
La palabra declara que los que confían en Jehová no serán avergonzados y serán como
el monte de Sión que no se mueve sino que permanece para siempre. Así que todo lo que
Amán planificó le salió al revés. Cuando buscó ser reverenciado, fue humillado y cuando
buscó la muerte de otros, consiguió la suya. Fue sentenciado y avergonzado porque nunca
se debe edificar sobre las ruinas de los demás.
La altivez de espíritu tan solo nos conduce por caminos de perdición y perversidad. Pero
algo es seguro, en tu vida siempre habrá personas que como Amán, procuren hacerte
mal. Con su mirada tratarán de hacerte sentir inferior. Personas que piensan que porque
saben un poquito más sobre algún tema, ya lo aprendieron todo y tratan de hacerte callar
o invalidar tus opiniones. Otros que se ríen, hacen comentarios burlones o que con su
mirada reflejan el enojo y la envidia que los carcome.
¡Más no temas amado, vales demasiado como para sentirte inferior! Jesús pagó con
su sangre por tu vida, y si hay algo que Dios ama y valora son los corazones humildes
y sensibles. Aquél que diga ser un cristiano que sirva y ame a Dios de corazón y trate
mal a su hermano o a sus semejantes; quien use su poder para humillar o quien tenga
un concepto de si mismo más alto del que debe tener, le digo que necesita ir al taller del
Alfarero para que Dios lo haga de nuevo.
Porque Jehová atiende al humilde más al altivo mira de lejos.
¡Cuidado al tomar decisiones!
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 2 Julio 2010
“Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable”. Eclesiastés 10:1
¡Cuidado al tomar decisiones! Pon atención a los que vas a decir. Mantente alerta y mira bien por la senda que vas caminando. Escucha bien lo que te van a decir. Un mal paso puede alterar el rumbo completo de tu vida, así que analiza bien y luego actúa. ¡Cuánta gente buena ha dañado y derribado todo lo que con amor habían edificado! Por un momento de ira, por un instante de confusión. Por un minuto de prisa o de temor. Porque el dolor era tan intenso que pensaron que no podrían continuar.
Amados, hay fallas que no podemos permitir. Siempre Dios da segundas oportunidades, pero hay cosas que por más que intentemos sustituir son irremplazables. Un mal pensamiento puede nublar la inteligencia, si se le da rienda suelta. Hay hombres que apuestan hasta lo que no tienen en su afán por conseguir dicha y fortuna. Mujeres que piensan en abandonar el hogar porque no se sienten queridas o por el trato que reciben de su propia familia. Jóvenes que están pensando en quitarse la vida. Niños huérfanos con padres vivos, carentes de la seguridad que tiene el hogar. Embarazos no deseados y enfermedades sexuales trasmitidas por unos minutos de placer o por haber cedido ante la presión de otros.
Algunos no parecen darse cuenta que la vida es tan solo un momento, cuando la comparamos con la eternidad que nos ofrece Dios. No permitamos que el odio cobre vidas. No dejemos que la violencia se adueñe de nuestros hogares y ciudades y cobren la vida de tantos inocentes. Debemos actuar sabia e inteligentemente, con buen juicio, integridad, verticalidad, pensando en el bienestar de los demás, respetando los derechos y la dignidad.
Dale valor a tu vida, observa y date cuenta que es algo preciado, don de Dios, no la deseches en un momento por malas decisiones.
Libre de Toda Cadena
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 14 Junio 2010
“Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel,…los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían”. Hechos 16:22-25
Esta es una de esas historias que me hacen reflexionar. Pablo acaba de echar un espíritu de adivinación de una muchacha, los amos de esta al faltarle su medio de vida, se enojaron contra Pablo y Silas. Inmediatamente los llevaron a las autoridades, les acusaron de alborotar la ciudad y enseñar “costumbres” que no eran para los romanos, provocando que los magistrados ordenaran azotarles con varas.
La Biblia describe que los “azotaron mucho”, luego los echaron a la cárcel en el calabazo de más adentro que era para los reos más peligrosos y además de eso les aseguraron los pies con un cepo. ¿Imagínate tu, ser azotado, maltratado, enviado a la cárcel con un cepo en tus pies solo por llevar a cabo la obra del Señor? Yo creo que la mayoría de nosotros si nos ocurriera algo así probablemente desistiéramos de hacer lo que Dios nos ha mandado. Increíble, ante esta situación, Pablo y Silas oraban y cantaban a Dios. Sin lugar a dudas estos hombres eran diferentes, estos hombres amaban a Dios pese a las circunstancias, confiaban plenamente en el Señor.
En la vida recibimos muchos azotes por diferentes maneras, puede ser por realizar la obra del Señor, por que tomamos malas decisiones o por descuidar nuestra vida espiritual, y sin duda todos ellos duelen mucho. Pero, ¿Qué hacer luego de haber sido azotado mucho?, ¿Reniegas?, ¿Te enojas contra Dios?, ¿Desiste de llevar a cabo su obra?, ¿Te rindes y cuelgas las botas?, ¿Qué haces?, ¿Cuál es tu reacción?
No es hora de llorar, no es hora rendirse, no cuelgues las botas ni los guantes, Dios no ha terminado contigo, en lugar de eso canta, alaba al Señor, adórale, exalta su Nombre, porque El esta observándote y estoy seguro que te bendecirá. Posiblemente te sientas encadenado, en la celda más profunda, pero cuando comienzas a cantar al Señor hay un mover sobrenatural que hace que seas libre de toda cadena y que toda celda por muy profunda que sea, sea abierta.
“Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”. Hechos 16:26
Orad en todo tiempo
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 9 Junio 2010
El apóstol Pablo exhorta a orar, suplicar y velar con toda perseverancia. Pero va más profundo, nos habla de la intensidad y de una experiencia en la oración que trasciende a la que tenemos muchos de nosotros. Para nosotros, la oración muchas veces consiste en preparar una lista de peticiones y elevarlas al Señor, esperando que él se complazca y nos bendiga.
Meditemos por un instante en el significado de esta frase “en el Espíritu”. ¿Cuál es la diferencia entre una oración conducida por nuestra pasión y una que es efectuada en el Espíritu? La oración elaborada por nuestra pasión puede ser muy profunda e intensa pero tiene justamente ese problema: ¡es nuestra! La oración en el Espíritu es una oración donde el protagonista principal es precisamente el Espíritu. Es decir, el que impulsa las peticiones y expresiones hacia Dios es el mismo Señor. Es Cristo orando a través de nosotros.
Pablo dijo en Romanos 8:26: “De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. En primer lugar amados, las oraciones que hacemos se elaboran desde nuestra debilidad, porque no sabemos realmente qué es lo que debemos pedir. Pero nos movemos como si supiéramos que pedir, como si estuviéramos absolutamente seguros de las peticiones que tenemos que hacer. Orar en el Espíritu requiere que seamos mucho más cuidadosos a la hora de pedir cosas o, incluso, a la hora de hablar en su presencia. Nos invita a escuchar para que sea el Espíritu quien nos indique cuales peticiones podemos o debemos hacer.
En segundo lugar, no importa cuán cortas, largas o adornadas con mucha palabrería sean nuestras oraciones, el Espíritu las toma y las cambia en algo que el Padre entiende. El Espíritu toma nuestras oraciones humanas y las convierte en algo mucho más acorde a los deseos y los propósitos de Dios. A través del lenguaje del Espíritu interpreta el sentir de nuestro corazón, aunque no podamos expresarlo con palabras ni entenderlo.
¿Podremos detener nuestros impulsos para darle lugar al Espíritu Santo en nuestras oraciones?