Humillaos


Humillaos, pues,  bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. 1Pedro 5:6

Cuando todos  esperaron que David regresara a apacentar las ovejas, después de ser ungido como rey, él no insistió en que eso estaba por debajo de su dignidad real.  Aunque no tenía el Nuevo Testamento conocía muy bien el precepto que siglos después escribiría el apóstol Pedro, “humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. Si somos fieles en el escalón donde estamos, a su debido tiempo Dios nos lo hará saber para que ascendamos dando el siguiente paso.

David estaba dispuesto a esperar. Afortunadamente no sabía que le esperaban varios años de conflicto con el rey Saúl.   Que sería perseguido y tendría que esconderse para evitar las lanzas y flechas que le enviaba el rey procurando matarlo.  Estuvo tan desanimado en sus años de retirada que, durante una época, desertó  ante el enemigo, y se unió a los Filisteos.

En ese momento tan difícil de la vida de este joven todo lo que necesitaba saber era que si Dios lo había escogido para ser rey, a EL le correspondía cumplir su Palabra.  Dios tenía la capacidad de estar cerca de David tanto en las sombras, como en la luz.  Pasaron 14 largos años de espera antes de ser coronado rey, años de presión emocional necesaria porque le ayudaron a  fortalecer su relación con Dios.

Aprendemos de David que ¡lo que hacemos mientras estamos esperando es tan importante para Dios, como aquello por lo cual esperamos!

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