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Revolucionario
Por Rev. Ana Dipiní Cruz - Mensaje Pastoral - 2 Febrero 2010
“Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea”. Lucas 9:54-56
Uno de los conceptos de Revolución es: cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. Sin lugar a dudas la persona que más revolucionó al mundo se llama Jesucristo Rey de reyes y Señor de Señores. Digo revolucionó porque cambio por completo la forma de llegar al Padre, ahora gracias a su sacrificio tenemos una entrada libre delante de nuestro Padre Celestial.
Cada uno de nosotros debería anhelar ser un revolucionario porque ser la diferencia, cambiar los modelos instaurados que no funcionan por aquellos que la Palabra menciona y que nos llevarán a encontrar los frutos deseados. Muchos hoy día quieren revolucionar sus ciudades, países o continentes, pero la verdadera revolución comienza en el ámbito espiritual. Todo lo que vayamos a hacer se rige primeramente en el ámbito espiritual. Tú no puedes ser un cristiano revolucionario en tu ciudad, si antes no hubo una revolución en tu vida espiritual.
El cambio que Jesús estaba dando a la humanidad era tal que las personas quedaban sorprendidas de su sabiduría y de sus palabras, sin lugar a dudas algo que marcaría de por vida a la humanidad. Al igual que Jesús todos aquellos que anhelamos revolucionar nuestras ciudades y países, tenemos que tomar nota de esta cualidad especial, nuestro hablar tiene que ser semejante al de Jesús, para que al oírnos puedan ver la imagen de Cristo reflejada en nuestra vida.
Un Revolucionario es aquel que está dispuesto a transformar radicalmente a la humanidad, ¿Estaremos nosotros dispuestos a serlo? Si es así, entonces comencemos a revolucionar nuestra vida espiritual, cosechemos una vida diaria de oración, una vida diaria de lectura y estudio de la Palabra de Dios, congreguémonos regularmente, sirvamos al Señor, ayunemos, vigilemos, hagamos cosas que nos ayuden a crecer espiritualmente y realizar una completa revolución a nuestra vida espiritual.
Luego, entonces, estaremos listos para revolucionar nuestras ciudades, países y continentes, no puedes comenzar a construir un edificio desde el techo hacia los cimientos, tienes que cimentarlo primero para que luego puedas construir el techo.
Ya no es hora de estar pasivos, es hora de despertar del sueño y comenzar a provocar una REVOLUCIÓN.