“Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán”. Lc. 5:37
Los odres no son otra cosa que piel (la Biblia le llama cuero) de cabra
curado con madera de acacia, secados con el humo y unidos en sus bordes
para formar una bolsa. Esos cueros quedaban completamente arrugados
y secos. Pero la resequedad y las arrugas desaparecían
cuando eran llenos de vino nuevo.
El vino nuevo crece con el tiempo por eso era necesario ponerlo en un odre
nuevo, en uno flexible. Una piel usada, rígida, podría
reventar y derramar el vino. Como los odres viejos, los fariseos se mostraron
endurecidos para aceptar a Jesús, quien no se ajustaba a sus tradiciones
ni reglas.
El cristianismo demanda nuevos enfoques, tradiciones, estructuras y métodos
sin comprometer las nuevas de salvación. Nuestros programas de
iglesia y ministerios no deben estructurarse tanto que no den lugar al toque
fresco del Espíritu Santo, a un nuevo método o a una nueva idea.
Amados, nos espera un año lleno de retos, de metas a cumplir,
de nuevos enfoques, de rotura de moldes que no funcionan para dar paso a la
creatividad del Espíritu Santo de Dios. Es un año para
romper los odres viejos, inservibles, que nunca podrán ser llenos con
el vino nuevo que tiene Jesús para nosotros.
Recordemos que el vino nuevo, al fermentar, revienta los odres viejos.